(Neverwinter 01) Gauntlgrym by R. A. Salvatore

(Neverwinter 01) Gauntlgrym by R. A. Salvatore

Author:R. A. Salvatore
Language: es
Format: mobi
Tags: sf_fantasy
ISBN: 9788448038632
Publisher: Timun Mas
Published: 2012-01-21T12:46:22.488783+00:00


Capítulo 11

LA GUERRA DE LO OSCURO Y LOMÁS OSCURO

De la tierra agostada y muerta se elevaba una columna de humo en espiral. Al igual que si fuera un do de muerte, una línea de podredumbre y magia nigromántica salía del mismo centro del desastre, cruzando por medio de un campo para ir a meterse en la nube piroclastica, para buscar los espíritus que hubieran quedado atrapados en el interior de sus marchitas carcasas corpóreas y Llamar a servir.

Sylora Salm observo ese nuevo reclutamiento con el típico brillo en la mirada y la sonrisa de satisfacción. A pesar de que se acercaba ala cuarentena, los años no habían apagado la belleza de la hechicera.

Quizá la habían cambiado un poco, ya que tenía la cintura algo más redonda, la piel menos suave y unas pequeñas arrugas alrededor de los ojos. Pero aquellos cambios físicos inevitables, más que actuar como contrapeso, habían aportado a la formidable mujer más esencia y fuerza interior, más confianza y un halo de poder creciente. Se veía en su mirada, y en su manera de sonreír.

Su anillo de pavor se estaba convirtiendo en una realidad por fin, a pesar de que el número de muertos en la poco poblada zona del Bosque de Neverwinter, incluso antes del cataclismo, había sido estimado como inadecuado por los embajadores de Szass Tam, la mayoría de los cuales eran rivales de Sylora. No obstante, Szass Tam había confiado en el criterio de la mujer, por lo que siguió teniendo fe en que haría honor a esa muestra de confianza y su anillo de pavor acabaría cristalizando, otorgándole al lord lich el control que tanto tiempo había deseado en la Costa de la Espada.

La nube piroclástica comenzó a agitarse debido a los temblores que afectaron a la negra piedra volcánica. Algunas cenizas sueltas y algo de polvo cayeron en las grietas cada vez más grandes. Apareció una pequeña mano gris, marchita y reseca, con los dedos retorcidos en una posición de dolor eterno. Poco a poco, pero con un frenesí cada vez mayor, la mano fue agarrando y apartando los trozos de roca. Un por de asistentes ashmadai fueron hacia allí para ayudar al nuevo hijo de Szass Tam a liberarse de lo que había sido su tumba durante décadas, pero Sylora los retuvo con un gesto de la mano.

Esbozo una amplia sonrisa, e incluso llego a emitir una risita, mientras el zombie apartaba suficientes escombros como para poder asomar el otro brazo. A continuación separo los brazos y saco la cabeza de su matriz piroclástica. Escarbo a un ritmo cada vez más frenético; necesitaba desesperadamente liberarse y salir a cazar vivos, pero solo a aquellos vivos, por supuesto, que no comulgasen con su omnipotencia Szass Tam.

Dahlia, de pie junto a Sylora, resultaba mucho menos imponente que hacía una década, aunque tenía exactamente el mismo aspecto gracias a su herencia élfica. Llevaba su atuendo de viaje: las botas negras altas, el sombrero negro con la cinta roja, la blusa blanca bajo el coselete



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